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El León de Santa Rita

Vicente García González.

Vicente García González.

Por una hendija de la ventana, Brígida Zaldívar Cisneros sacó los cadáveres de sus dos hijos ocultos en unas cajitas de fideos. María de la Trinidad y Saúl no eran culpables ni tenían conciencia del porqué, sin embargo, sus vidas inocentes fueron el costo del heroísmo de su padre.

“Allá, en un asilo infeliz, moría tiempos hace, en la rústica cama, un General de Cuba, rodeado de sus hijos de armas, y se alzó sobre el codo moribundo, no para hablarles de los intereses de la tierra, sino para legarles, con el último rayo de sus ojos, la obligación de pelear por su pueblo hasta verlo libre del extranjero que le odia y extermina”.

José Martí

Por una hendija de la ventana, Brígida Zaldívar Cisneros sacó los cadáveres de sus dos hijos ocultos en unas cajitas de fideos. María de la Trinidad y Saúl no eran culpables ni tenían conciencia del porqué, sin embargo, sus vidas inocentes fueron el costo del heroísmo de su padre. Vicente García González pagó un alto precio. Poco reconocido por la historia contada, el héroe tunero persiste al margen de dos posturas que optan por reivindicar o condenar su trayectoria. No obstante, una nueva tendencia apuesta por reconstruir el pasado.

Nació el 23 de enero de 1833. Heredero del Hato de Las Tunas y de una cuantiosa fortuna familiar, cursó estudios hasta alcanzar un nivel educacional medio en el colegio santiaguero San Basilio El Magno. Con solo 18 años quedó impresionado con el ataque de Joaquín de Agüero a su ciudad natal y despertó en su interior las ansias de rebelión.

HISTORIAS DE FAMILIA

El 22 de agosto de 1855 Vicente García crea lazos maritales con Brígida, camagüeyana de pura cepa Braulio, Pedro, Ricardo José del Socorro, María de la Trinidad, Saúl, Rosa, Caridad y María.

En 1856 se incorporó a su primera conspiración contra la dominación española la cual no tuvo éxito. Su personalidad afable le ganó reconocimiento en la región, pues brindaba su amistad a todos sin importar el estatus social o el color de la piel.

A los 35 años presidió la reunión de El Mijial, el cuatro de octubre de 1868, en la cual fijó la fecha del levantamiento en armas que daría inicio a las gestas independentistas en Cuba. En 10 días comenzaría la guerra, sin embargo, no ocurrió así debido a una delación. Al conocer sobre el alzamiento en La Demajagua no tardó en movilizar a su tropa en el potrero El Hormiguero.

Trece días después de su incorporación a las luchas independentistas, su familia fue encerrada como medio de coacción. Las ventanas fueron clausuradas mientras guardias velaban el portón principal.

Pocas veces logró sobornar un vecino del pueblo a los vigilantes para colar una botella de leche a través del techo. La desnutrición carcomía a los pequeños, a su madre Rosa González y a su esposa. La más pequeña no pudo soportar. Brígida sostuvo el cuerpo de la bebé de solo cuatro meses, mientras imploraba por el sepelio. Solo consiguió sacar el cadáver de la pequeña como contrabando. Días más tarde se repetiría la escena ya contada.

La presión popular impuso la suspensión del encierro. Pese a la pérdida irreparable, el valiente mambí no depondría las armas y su esposa tampoco lo permitiría.

EL ESTRATEGA

Cuentan los estudiosos que gustaba de asaltar pueblos en horas de la madrugada, que su especialidad eran los asaltos a los convoyes enemigos y que poseía una milimétrica organización militar. Protagonizó más de una centena de combates y en pocos meses fue nombrado Mayor General, máximo grado militar concedido en el escalafón del Ejercito Libertador. Por su bravura, el general español Federico Esponda le otorgó el seudónimo “León de Santa Rita”.

Redujo Las Tunas a ruinas para evitar su sometimiento y cuentan que comenzó por su hogar: “Capitán Silva, tome esa antorcha y empiece por ahí”, fue la orden emitida aquella tarde del 26 de septiembre de 1876.

Llegó a ser el quinto presidente de la República en Armas, estuvo cerca de Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá y resultó de los primeros convocados por José Martí a la Guerra Necesaria.

Pese a sus virtudes y aportes, muchos lo consideraban la figura más polémica de la Guerra de los Diez Años. Su cuestionado regionalismo se tradujo para algunos en decisiones políticas que dañaron el desarrollo de la contienda, pero para otros devino máxima expresión de amor por su tierra.

Tal y como expresara Eusebio Leal: “El hombre que no es capaz de amar la casa natal, el pedazo de tierra, la aldea, el pueblo, la ciudad donde vino al mundo, difícilmente podrá entender el misterio de la Patria”.

Es innegable que sus discordancias con el gobierno y la Cámara de Representantes provocaron divisiones e inestabilidad política en las filas independentistas, en una contienda que tuvo la falta de unidad como una de las principales causas de la derrota.

No obstante, sus errores sobredimensionados lo convierten en un mártir incomprendido al separar sus acciones de la comprensión del contexto. Al finalizar la Guerra Grande parte a Venezuela dispuesto a incorporarse a la nueva contienda. Dado el temor que suscitaba aún constituía una amenaza para el gobierno hispano. Una mano “amiga” le extendió un plato de quimbombó aderezado con vidrio molido. El cuatro de marzo de 1886 falleció el glorioso general cubano, en la comarca de Río Chico como consecuencia de una peritonitis.

En el centenario por la toma de Las Tunas, Armando Hart Dávalos declaró: “Fue un hombre que surgió de las entrañas de nuestro pueblo y que, no obstante su posición social, murió pobre y unido a la gran causa de los humildes de su tierra. Él murió unido a la causa de los pobres de Cuba, la causa de la independencia de la Patria y de la abolición de la esclavitud”.

Sirva la historia humanizada para resaltar a los próceres no como ídolos sino como hombres y mujeres de lucha. Son sus contiendas, conflictos y vivencias más allá del campo de batalla los que crean lazos inexorables con el pueblo.

Artículos consultados:

- Vicente García entre el mérito y la incomprensión. Periódico Granma.

- Vicente García González el León de Santa Rita. Revista Somos Jóvenes.

- Vicente García, huella y legado. Periódico 26.

- Presencia de Vicente García en el imaginario tunero. Revista digital Contribuciones a las Ciencias Sociales

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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