Actualizado 25 / 09 / 2018

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

22ºC
32ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

#ReformaConstitucional: Claves para el debate en #Cuba (V)

Persona leyendo el proyecto de constitución

Cuando ya hemos recorrido un buen trecho en el análisis de nuestro Proyecto de Constitución, hay algunas cuestiones que inevitablemente se quedan por analizar. Otras, por más que se tratan de hacer converger hacia una determinada opinión, muestran que no todo está dicho en materia de Derecho y de derechos.

Es bueno ver el debate que se genera. No solo gana en temperatura con los argumentos, sino también en madurez. Y es lo propio de un ejercicio verdaderamente democrático: saber que nuestra voz y participación sí determinan hoy en lo que estamos construyendo.

Coincido con muchos criterios que, en función del ejercicio que nos hemos propuesto en Cubahora, no plasmo. Pero también pienso que mis creencias tienen el sesgo ineludible de mi generación; y si saco cuentas me percato de que la Constitución vigente tiene ya 42 años. ¿Para quién estamos legislando entonces? Creo que en el futuro los nacidos en Cuba tendrán sus propias opiniones sobre lo que estamos discutiendo hoy, así como mis dos hijos no me perdonarían no haber tomado partido en el bando de los que están a favor de incluir más derechos.

Justicia, igualdad, libertad son principios por los que el hombre ha luchado a lo largo de nuestra corta historia, en este pedazo de materia al que llamamos mundo. Sin embargo, el principal escollo ha sido uno: el propio hombre. No existen ambigüedades en esta relación. El hombre lucha por imponer, limitar, restringir… al hombre. Todo pasa por el tamiz de la autopercepción. Juzgamos antes de empatizar, imponemos antes de negociar, atacamos si nos sentimos violados en nuestros derechos y criterios, pero -ojo- derechos y criterios no son lo mismo, ni se pueden sopesar igual. El diálogo de sordos es difícil. Siempre se encuentra abono en el jardín de las diferencias.

No es casual entonces que no logremos ver el equilibrio. Se legislan derechos y, con ellos, se establecen los límites. Hace unos días debatiendo sobre estos temas, una persona me preguntó: ¿Y cuál es el espíritu de la Ley? ¿Qué queremos lograr con la nueva Constitución?

Creo en las enseñanzas de los que dedicaron su vida y obra a la construcción de nuestra nación. Sueño con una Cuba inclusiva y vanguardista en lo que a desarrollo social se refiere. Imponer criterios o preceptos en nuestro archipiélago es un error. Ni por las buenas, con edulcoradas campañas de comunicación, ni por las malas, con el ímpetu de los transformadores. Pero entiendo y ratifico que para ser más justos, más libres y más unidos, hay que tener más derechos.

Nuestro país ha cambiado mucho en los últimos 10 años y estoy convencido de que no se parecerá a lo que seremos en otros 10. Por eso, reconocernos a nosotros mismos como sociedad, tal y como somos, es parte de ese sentimiento que debe primar en el espíritu de nuestros análisis del texto propuesto.

Entrando ya en materia sobre el documento en consulta en comparación con el texto vigente, vemos que existen algunas variaciones en lo que a derechos y deberes políticos y cívicos respecta.

En cuestión de deberes, se establecen un conjunto de obligaciones que se pueden interpretar como principios cívicos de comportamiento social. Servir a la patria, cumplir con la Constitución, contribuir con el gasto público (por ejemplo, a través del pago de impuestos), respeto a la autoridad y sus agentes y el servicio militar obligatorio.

Quiero detenerme en este último aspecto. Muchas personas planteaban la necesidad de eliminar la obligatoriedad del Servicio Militar Activo (SMA). Aunque no se quiera ver de esta forma, el SMA es una necesidad del Estado cubano. Nuestro país contiene a las amenazas externas a través de su poderío militar, que a pesar de lo que a veces se piensa, no es despreciable. Una parte importante de ese poderío lo constituyen las tropas que mantienen vitales y en posición de combate a nuestros ejércitos. Si nuestro Estado tuviera que profesionalizar dichos ejércitos, no pudiéramos mantener la salvaguarda e integridad del territorio nacional militarmente.

Hoy existen varias opciones para el SMA, algunas, incluso, son un referente de trabajo social que debería ser tenido en cuenta en otras instituciones. A ello le sumamos que la disciplina y la organización, nunca son mal recibidas.

En el Proyecto se hace alusión a la necesidad de respetar los derechos ajenos y a no abusar de los propios. Entre otros preceptos, también se establece ser solidarios y respetar las normas sociales. La solidaridad es un valor compartido en nuestra sociedad, que (en mi opinión) tristemente se ha resquebrajado. Ante cierta proliferación de individualismo, debe ser una prioridad para nuestro sistema de educación el trabajo en torno a la hermandad.

En cuanto a los derechos, ambos textos son casi iguales. Hago la salvedad de que en el artículo 43 de la Constitución vigente son más explícitos algunos aspectos que a continuación refiero:

– el derecho de ascender en todas las jerarquías en las instituciones militares.

– el derecho de establecer el domicilio en cualquier sector, zona, barrio y alojarse en cualquier hotel.

– el derecho a ser atendidos en los restaurantes y demás establecimientos de servicios públicos.

– el derecho a usar sin separaciones el transporte marítimo, ferroviario, aéreo y automotor.

– el derecho a disfrutar de los mismos balnearios, playas, parques, círculos sociales y demás centros de cultura, deporte, recreación y descanso.

En el actual contexto, tal vez se debería reevaluar cómo formular la permanencia de estos derechos que no pueden dejar de existir, ya que fueron base de la Revolución. Ya conocemos los ejemplos de malas prácticas en nuestro país en el ejercicio de los mismos, pese a que están explicitados en la actual Carta Magna. Las entidades encargadas deben asegurar, primero, el cumplimiento de lo que establece la Constitución y, después, la realización de su misión u objeto social, sin que ello implique la violación de los derechos ajenos.

El artículo 93 de la nueva propuesta sobre los derechos y deberes de los extranjeros, no expresa variaciones en su contenido, salvo que se añade como garantía la posibilidad de reclamar ante tribunales la restitución, reparación o indemnización de derechos que puedan haber sido vulnerados.

Política educacional, cultural y científico-técnica

Si bien se trata de líneas de trabajo de las cuales se desprenden muchas cuestiones, para ser un frente tan amplio se cubre con una construcción quizás un tanto escueta.

Como preámbulo, referiremos que la cultura no debe ser entendida solo como manifestación artística. La cultura son también las tradiciones, los símbolos, los métodos y procedimientos que empleamos en la cotidianidad, las percepciones y puntos de vista sobre diferentes temas, los valores y la economía. Entiéndase, por ende, que arte y cultura no son sinónimos.

Cuba está inmersa en un contexto de guerra cultural, que tiene diferentes gradaciones. Hay una guerra cultural global, que encabeza Estados Unidos pero que cuenta con multiplicidad de actores, liderada por la industria del entretenimiento y que va dirigida por igual a amigos y enemigos. Hay una guerra cultural particular entre Cuba y Estados Unidos. Va desde el robo de talentos en el béisbol hasta el fomento de la corrupción en nuestra sociedad, pasando por el arte hipercrítico, la descontextualización y reescritura de la historia cubana y la formación y deformación de nuestra imagen e identidad cultural a la vista de otros.

En el pensamiento estratégico de Fidel Castro, la cultura desempeña un papel primordial pues contiene a la ideología, que es el motor real de la Revolución. Palabras a los intelectuales es un texto imprescindible para entender la relación arte-Revolución. Este texto nos acerca a la visión de Fidel en un momento histórico determinado. Desde ese encuentro del líder histórico con un grupo de intelectuales, Cuba ha cambiado mucho. La inversión de la Revolución en la educación artística rindió frutos y hoy nuestro país cuenta con un sistema de enseñanza y promoción artístico-literaria que van desde el nivel comunitario hasta la superestructura.

Sobre ese sistema que cuenta con varios proyectos como las Casas de Cultura municipales, no hay referencias en el texto que se propone. La importancia del tema está en que la cultura reside en el pueblo. Es un bien intangible e inmaterial. El estado no puede administrarla y repartirla como se hace con otros recursos, por tanto, la lógica de su tratamiento debiera estar despojada de visiones economicistas y burocratizadas.

Para, como dice el Proyecto, elevar la cultura del pueblo y fomentar y desarrollar la educación artística, la vocación para la creación, el cultivo del arte y la capacidad para apreciarlo, debemos, ante todo, hacer de la educación artística un derecho consagrado de nuestro sistema de educación. No se trata de que todos sepan tocar un instrumento o levantar un pincel, sino de incluir como parte de la formación de los estudiantes de todos los niveles de enseñanza la apreciación artística y literaria. Esa batalla se gana en la comunidad, espacio sobre el cual no se hace referencia en este apartado del Proyecto.

Por otra parte, la educación artística se complementa a través de los medios de difusión masiva. Debería ser un precepto que el aporte de la prensa, en tal sentido, fuera la reproducción cultural enriquecedora y no el fomento del consumo acrítico de la chatarra hegemónica.

El Proyecto ratifica en varias formas la libertad de creación artística, siempre que esta sea consecuente con nuestros valores e intereses sociales.

La educación, como una dimensión de nuestra cultura, debe recibir -de igual forma- un tratamiento diferenciado. Se hace mención a que la enseñanza es laica, al igual que nuestro Estado y, por ende, sus instituciones. La misma se basa en los avances de la ciencia y la técnica y en los valores de la sociedad, y es gratuita hasta la universidad. Tal como analizamos en el trabajo anterior, ese derecho ya entraña un límite. Se promueve la historia nacional y la participación social.

Se omiten en el Proyecto, en comparación con el texto vigente, referencias al sistema de becas estatales y a las facilidades de estudio a los trabajadores. Son dos temas que probablemente deberían permanecer, atemperándolos a las necesidades actuales y futuras de la población.

El sistema de becas para la enseñanza preuniversitaria ya cumplió su rol como parte indispensable del sistema de educación; sin embargo, existen otros tipos de becas que se deberían mantener, a nuestro juicio. Becas de creación, de entrenamiento, de estudios específicos, deben tener consecutividad y no quedar al ánimo de las instituciones. Por otra parte, la superación de los trabajadores es un reclamo histórico. Todos tenemos derecho y deber de superarnos profesionalmente para construir una sociedad más justa y digna.

Estas cuestiones que hemos tratado hasta aquí, son parte de lo que en los debates se ha comentado más. Continuaremos analizando en Cubahora el Proyecto de Constitución para hacer de Cuba un lugar más nuestro.

Sobre el Autor

Cubadebate

Cubadebate

Medio de información alternativa que alerta sobre campañas de difamación contra Cuba. Publica en exclusiva las Reflexiones de Fidel, también noticias y análisis

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero