Fidel en la poesía
- Escrito por Yanetsy Ariste
Fidel Castro ha sido representado en el arte incontables veces. Su presencia en la música es muy divulgada en los medios de comunicación (sobre todo en la televisión). Contrario a eso, su evocación en la poesía es menos difundida, aunque no pocos intelectuales cubanos y extranjeros lo han homenajeado en sus versos.
En 1956 Ernesto Guevara escribió Canto a Fidel cuando participaba en los preparativos de la expedición del yate Granma: “Vámonos/ ardiente profeta de la aurora/ por recónditos senderos inalámbricos/ a liberar el verde caimán que tanto amas/ Vámonos// Derrotando afrentas con la frente/ plena de martianas estrellas insurrectas/ juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte…”.
Y es uno de los poemas más hermosos que podrán leerse no solo por el concepto sino por el lenguaje tropológico que predica. Algo más extenso de lo aquí especificado, en estas líneas se resume la esencia del pensamiento guevariano internacionalista.
Un año después, bajo el mismo título (prodigiosa coincidencia), Carilda Oliver Labra le dedicó sus versos. En más de una entrevista la poetisa ha narrado el riesgo que suponía escribir sobre Fidel bajo la dictadura batistiana, y cómo se las ingenió para hacerlos llegar a la Sierra Maestra.
En 1960 quedó publicado Se acabó, de Nicolás Guillén. Los estudiosos de su obra alegan que el histórico discurso del líder revolucionario sobre el decreto de nacionalización de las empresas estadounidenses lo inspiró.
He aquí la última estrofa: “¡Ay, qué linda mi bandera/ mi banderita cubana/ sin que la manden de afuera/ ni venga un rufián cualquiera/ a pisotearla en La Habana!/ Se acabó/ Yo lo vi/ Te lo prometió Martí/ y Fidel te lo cumplió/ Se acabó”.
El argentino, Juan Gelman apuntó en 1962: “…la Historia parlará de sus hechos gloriosos/ prefiero recordarlo en el rincón del día/ en que miró su tierra y dijo soy la tierra/ en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo/ y abolió sus dolores, sus sombras, sus olvidos/… Fidel es un país/… buenas noches historia, agranda tus portones/ entramos con Fidel, con el caballo/”.
Influenciado por la Revolución cubana, Juan Gelman comenzó a abrazar la lucha armada en Argentina y a disentir con la postura de su Partido Comunista. Más tarde integró las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de concepción guerrillera. Es considerado uno de los grandes poetas de habla hispana.
Alex Pausides (actual presidente de la Asociación de Escritores de la Uneac) en 1972 compuso un poema con aliento de relato: Crónica de Quito. En él expresó cómo una ancianita “de coca y cóndor y casi centenaria” después de abrazar a Fidel le dijo a su nieto que ya era feliz y que podía morirse porque “había visto al hombre”.
Pausides brinda otra apología a la imagen fidelista, que se establece en el sentir de un personaje del pueblo (no en la figura encumbrada del líder). Por tanto, es su punto de vista más humanizado.
El premio Nobel de Literatura Pablo Neruda redactó: “…los pueblos te agradecen/ palabras en acción y hechos que cantan/ por eso desde lejos te he traído/ una copa del vino de mi patria… Esta es tu copa, tómala, Fidel… al beberla sabrás que tu victoria es como el viejo vino de mi patria: no lo hace un hombre, sino muchos hombres…”.
En el texto, Neruda aseguró que el Comandante representaba la larga lucha de los pueblos americanos. Mediante metáforas y símiles describía a las personas y a la naturaleza de la Patagonia.
El peruano Arturo Concuera, autor de más de 20 libros, destacó a partir de un registro sencillo en El Perfil de Fidel: “…para hablar de Fidel/ hay que cederle la palabra al mar/ pedir su testimonio a las montañas… la edad de Fidel/ es la edad de los framboyanes en flor… lo héroes no tienen edad/ tienen historia/ hacen historia/ son la historia… Él es América Negra/ América Hispana/ América Andina”.
Otro cubano, el dramaturgo y poeta Humberto Arenal (quien se exilió durante la dictadura de Batista en Estados Unidos y regresó a Cuba a finales de los años `50) en el 2006 escribió El Gigante, con motivo de la salud quebrantada del “soldado de las ideas”. Su lírica detalla: “El Gigante está herido/ no morirá/ es un raro ejemplar/ es inmortal/… El Gigante vigila, discurre, opina/ desde su trono de honor”.
“Es cierto que los poetas/ atrapan instantes de la vida/ y lo fijan en la historia… Pero qué difícil atrapar el futuro/ y colocarlo para siempre/ en la vida de todos los poetas/ de todos los hombres”, expresó Miguel Barnet; y su verso fue (es) prácticamente sentencia. Sumario de palabras; poderoso como látigo. Su mirada es la del intelectual agradecido.
También el poeta e investigador cubano Virgilio López Lemus refirió sobre el hombre verde olivo: “…su nombre es un verbo: sea el día/ y sean las noches. Nadie puede resumirlo/ …es un padre, pero todos lo vemos como el mejor/ de los hermanos, el amigo más alto/ …no se le dedica directamente cosa alguna/ pero cada hombre del pueblo moriría por él/ en cualquier circunstancia”.
Así como “nadie puede resumir su nombre”: sintetizar distintas voces poéticas inspiradas en el ideario fidelista siempre es tarea riesgosa. Lo expuesto es probablemente solo la punta del iceberg literario. La última palabra no está pronunciada.




