Recordar a Martí desde los Versos Sencillos
- Escrito por Ana María Sabat González
“Quiero, a la sombra de un ala,
Contar este cuento en flor...”
Una vez más estuve releyendo los Versos Sencillos de José Martí, tal vez porque dentro de unos días celebramos otro aniversario de su natalicio, o sencillamente se convirtió en una costumbre volver cada cierto tiempo sobre esta poesía, que lleva implícita la realidad en que vivía el Maestro, en el momento en que fueron escritos.
“Con los pobres de la tierra
Quiero yo mi suerte echar...”.
Hay tanta preocupación y sensibilidad desnudas tras el lenguaje metafórico, los símbolos y el colorido en estos versos publicados en 1891, que traen consigo la historia de un hombre idealista, pero rebelde, y que nunca se contentó con ver a Cuba colonizada.
“¡Yo quiero, cuando me muera
Sin patria, pero sin amo...!”.
Los Versos Sencillos son el espejo del ser humano que le dio vida, en ellos volcó su esencia, su humildad y la lucha constante por los más pobres.
“Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma...”.
Nada dejó de plasmar José Martí en estos versos no tan sencillos-sin paradojas-, ni el dolor sublime por la Patria herida, la necesidad de escribir del poeta para mitigar su sinsabor, la preferencia por las cosas sanas de la vida, ni tampoco su lucha constante contra hechos aberrantes como la esclavitud.
Son 46 poemas que prefirió no titular y en los que hay un predominio de la cuarteta y del lenguaje en prosa-casi descriptivo-, tal parece que para acercarse más a la expresión popular, o para darle un matiz de sencillez, humildad y delicadeza, con el propósito de que sus versos llegaran a todos.
Cada imagen que uno distingue a la distancia de más de un siglo, nos lleva a la concurrencia del ser humano que fue Martí, a reencontrarnos con sus conceptos de amistad, libertad, el cuidado a la moral de la mujer, el respeto por la bandera cubana, o a temas tan íntimos como el amor.
“Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas...”.
Son sus versos una enseñanza para todos, porque son un grito-en silencio-ante la adversidad de la enfermedad que lo agobió en su momento y que lo segó, tal vez, físicamente y espiritualmente; por eso adentrarnos en las estrofas martianas, esas que le nacieron del alma, significa emprender un viaje por el interior del poeta, a lo más puro y descarnado del alma del hombre que fue: amante, esposo, padre, revolucionario, patriota y amigo.
“...Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor”.
Solo me queda incitar al recuerdo de Martí con la lectura de esta poesía, sobre la que Gabriela Mistral expresó: “Yo diría que el milagro de los Versos Sencillos es el de que en ello está la semilla genuina del ser de Martí o, con frase ajena, que en ellos el hombre Martí «se devuelve a sí mismo» o se reduce a sí mismo.”
Escudriñemos una vez más para saborear la universalidad y el alcance de su obra y de su pensamiento, la vigencia de su palabra, el olor a modernidad que se desprende de sus metáforas.
“Cuando al peso de la cruz
El hombre morir resuelve,
Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve
Como de un baño de luz”.
Sobre el Autor
Ana María Sabat González
Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.