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Sí, seductor también

Maceo concedió especial importancia a la instrucción de su hijo

Maceo concedió especial importancia a la instrucción de su hijo

Era un mulato apuesto, de buen porte; gallardía y dotado también de la palabra, porque a pesar de que tuvo tartamudez, encontró maneras para vencerla y cuentan que fue el hablar pausado uno de los signos característicos de su comportamiento.

Mas cuando abría la boca no era para comentar trivialidades, pues poseía una gran cultura. Tuvo en autores como Víctor Hugo y el poeta José María Heredia, fuentes donde abrevar sus talentos. A eso sume la bravura que le convertía en referencia, la capacidad de expresar sentimientos cargados de ternura y no dude que tiene ante sí a un hombre capaz de conquistar corazones.

Eso le ganó adeptos a su causa; pero no son estas líneas para hablar de seguidores políticos, porque Antonio Maceo Grajales es harto conocido como líder, héroe, guerrero, paradigma de entereza, intransigencia, estratega militar y otras tantas virtudes que le colocan como figura imprescindible en la historia.

EL HOMBRE

Lamentablemente, ha sido una tendencia nociva edulcorar la imagen de nuestros patriarcas, magnificar dones, omitir errores y defectos, despojándolos de la naturaleza humana que les engrandece. No hay mérito en la hazaña que avale la voluntad divina, merece el crédito por cada victoria el individuo mortal, de carne y hueso que se yergue sobre sus yerros y resulte insuperable al tiempo.

Reza una máxima filosófica que cada hombre es fruto de su época, incluso, aquellos que a la postre demostraron ser adelantados para la que les tocó vivir, y el Titán de Bronce no fue la excepción.

En 1778 partió al exilio, con el alma quebrantada por el sueño de independencia que 10 años de lucha no acrisolaron. Llegó a Jamaica acompañado por María Cabrales, esposa y fiel compañera, quien llevaba en el cuerpo las consecuencias de una década de vida precaria en la manigua, el dolor por la muerte de sus dos hijos y la salud mellada.

Fue en esas circunstancias que Maceo conoció a Amelia Marryatt. La situación la describe el historiador José Luciano Franco: “…la madamita seductora de la calle Princesa, a quien visitaba diariamente en compañía de Justo Solórzano, amigo y confidente de aquellos amores, llevaba en las entrañas un hijo suyo. Maceo, carente de dinero, tenía que empeñar sus últimas prendas para cubrir los gastos inesperados. El Dr. Hernández era el médico que asistía a las dos, y, a veces, debía fungir a su manera, de cura de almas, para llevar aliento y reposo a dos personas igualmente queridas y respetadas que se enfrentaban a la cruda realidad de un destino adverso”.

EL PADRE

En mayo de 1881 nació como resultado de la relación extramarital Antonio Maceo Marryatt, quien fuera bautizado y reconocido por el padre. Pero el héroe no estaría mucho tiempo a su lado, pues en junio de ese mismo año por recomendación de Máximo Gómez parte hacia Honduras.

Sin embargo, no esquivó las obligaciones paternales y a través de amigos siguió al tanto del vástago, así como de suministrar los recursos necesarios para su manutención. Misivas recibidas desde Jamaica, por integrantes de lo que hoy llamaríamos red de apoyo, así lo confirman: “María y la familia bien, también lo está el amiguito”, “María bien, y bien el chiquitín amigo, que hace poco tuvo un catarrito”.

Pero la persona que viajaba frecuentemente y le servía como vía segura para el envío de dinero fija residencia en Kingston, por lo que  busca otras alternativas. En julio de 1882 le escribe para darle cuenta de ello uno de los encargados: “La última remesa de dinero que le hice a Antoñito, fue por vía de Nueva York, porque no me fue posible conseguir aquí ninguna clase de oro conveniente para Jamaica”.

Los inconvenientes aparecidos en el camino no bastarían para desentenderse de sus responsabilidades y el guerrero curtido que daba el frente en la batalla, reconoce la falta cometida ante la urgencia de cumplir con el deber derivado de ella y escribe al presidente de la Junta Revolucionaria Cubana de Kingston: “…, recibirá V. veinte libras esterlinas que me hará el favor de entregar a Miss Amelia Marryatt (sic), madre de un chico que tengo en Kingston, a quien escribo con esta fecha. Esto es un asunto, no el más adecuado para V., pero como estoy seguro que V. mejor que otro podrá apreciar mi situación respecto de un hijo, no he dudado recomendar a V. el asunto que me ocupa, pues a la vez que forme un juicio desfavorable hará otro que disculpe en algo mi conducta”.  

Durante el llamado periodo de Tregua Fecunda, Maceo realizó numerosos viajes y estuvo en repetidas ocasiones en Jamaica, siempre lo visitó y siguió al tanto de él. En 1891 desaparece misteriosamente la madre, y Antonio no duda en traerlo a Costa Rica, donde se encontraba en esos momentos, y lo matricula en un colegio interno.

Hijo de MaceoHijo de MaceoParte a Cuba, pero aun en plena contienda concede prioridad a la instrucción de su hijo, el 23 de agosto escribe: “… le remito 300 pesos, con los cuales, de acuerdo con Marcos, mi hermano, ayudarán V. y él a la educación de Antonio mi hijo, poniéndolo interno en un colegio o pagando personas que se encarguen de seguir su enseñanza en la forma que la tiene preparada, es decir, español e inglés que aprendía en Costa Rica”.

LOS AMIGOS

Tras la caída en combate del Titán, la delegación en Estados Unidos del Partido Revolucionario Cubano asumía la manutención del joven. Posteriormente, Tomás Estrada Palma toma su tutela la cual explica a un amigo común en los siguientes términos: “Yo he pensado como Ud., que la circunstancia de no ser Antonio hijo legítimo del General no es motivo de ningún modo, para que dejemos de prestarle toda la ayuda posible de igual manera que lo haría su padre, estando vivo”.
Gracias a ello llegó incluso a titularse como ingeniero en la universidad de Cornell.

En 1904 llega a Cuba, y si bien fue recibido con agasajos, pronto dejó de ser una atracción. Pese a su preparación atravesó situaciones económicas difíciles al quedar cesante en la Secretaría de Obras Públicas.

Cuando Mario García Menocal fungía como presidente, le solicitaron ayuda para él y le entregaron una casa de dos plantas para que viviera en una y arrendara otra, sita en la calle Manrique. Quienes le conocieron dicen que se parecía mucho a su padre, aunque los modos y maneras eran más propios de la cultura norteamericana que de sus raíces caribeñas.

Antonio Maceo Marryatt, murió el cuatro de diciembre de 1952, en la clínica Finlay, donde había permanecido el último año y fue sepultado en el panteón de los veteranos de la Necrópolis de Colón.

EL HÉROE

Antonio Maceo Grajales, fue infiel a la esposa, compañera de lucha y a la mujer que le inspiró hermosas frases de amor como para ofrendarle la gloria de sus victorias. Dicen que ella lo supo y eso no varió el apoyo incondicional que ofrecía a su cónyugue, ¿cómo serían las disputas maritales entre dos seres de tamaño temple?

Por las evidencias que recoge la historia, no parece que María Cabrales al perdonar la infidelidad llegara hasta el punto de asumir la maternidad que le quedó trunca tras la pérdida de sus hijos. No fue la única vez que el Titán sucumbió ante encantos femeninos que lo llevaron a otros lechos.

Hubo varios intentos de otros por nombrarse descendientes suyos, sin más pretensión que la de ser portadores de sus genes, pues no dejó riqueza o bienes heredables, tampoco recibieron crédito ni fueron aceptados como tales.

Sus dotes de seductor le acompañaron hasta la muerte, como prueban estas palabras de José Miró Argenter, en relación a un suceso del seis de diciembre: “La casualidad poco después nos deparó una agradable sorpresa: la presencia allí de una distinguida familia cubana, que iba de paseo en un carruaje. El General estuvo muy amable con dicha familia. La señora de C…, elegante dama habanera, le pidió alguna prenda de las que llevaba encima al pasar la Trocha, como testimonio fehaciente de tan memorable episodio. El General puso en manos de la citada dama una joya en forma de estrella adornada de un brillante, regalo de otra persona que él apreciaba en mucho. La señora, muy complacida, dijo sonriente al General: Yo le enviaré a Vd. otra estrella, tan hermosa por lo menos como esta”.

A sus muchas virtudes habría también que añadir la de buen padre, porque en esa época la mayoría de los hijos nacidos fuera del matrimonio eran dejados a merced de su suerte y Maceo no dudó en asumir su error como esposo, haciendo prevalecer la responsabilidad como progenitor.

Esto solo nos ofrece la dimensión humana del guerrero, en nada demerita las proezas militares, agudeza política y legendaria figura. Tatuó en propia carne la devoción por la Patria en cada una de las cicatrices que avalaban su arrojo en el combate y eso basta para que la gloria le sobreviva más allá de la muerte.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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