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Ni reconcentración, ni embargo, ni bloqueo

La reconcentración se inició por Pinar del Río, donde vegas y poblados devinieron campos de exterminio mucho antes que los de Auschwitz y Oswiecim en el viejo continente. Aunque no hay tarja o monumento que los recuerde, muchos son los lugares por los cuales hoy transitamos, donde familias enteras desaparecieron por la tragedia en el periodo 1896-1898, aunque la magnitud de la crueldad se diluye ante los nuevos sacrificios por la independencia.

Tras dictarse el bando del 21 de octubre de 1896 por el prepotente Marques de Tenerife, en su reciente cargo de Gobernador general de la Isla, Don Valeriano Weyler y Nicolau ordenó que todos los habitantes en los campos fuera de la línea de fortificación de los poblados, se reconcentraran en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas y se consideraría rebelde y sería juzgado como tal, "todo individuo que transcurrido ese plazo se encuentre en despoblado".

Cada nuevo bando militar extremaba las medidas y extendía su alcance a otras provincias para cerrar cualquier posibilidad de apoyo al Ejército Libertador, pero todo resultó infructuoso con las fuerzas mambisas, que en la manigua y territorios liberados aseguraban recursos que les permitían continuar la lucha y a pesar de la superioridad de los adversarios y de las privaciones, el cubano resistía.

Un corresponsal de entonces del Herald Tribune de Nueva York recorrió diferentes provincias y de lo que vió en aquellos momentos escribió: "En Pinar del Río, la provincia más occidental de la isla, estas estaciones de hambre se concentran en su mayoría a lo largo de ciento ochenta kilómetros del ferrocarril occidental, que va desde La habana al pueblo de Pinar del Río (...) han encontrado la muerte, según los más conservadores observadores de esta colosal masacre autorizada, se estima que llegue a diez mil desde principios de este año."

Por otra parte, el censo de 1899 reflejaba una población pinareña aproximada de 173 000 habitantes, desde los límites de Guanajay, con un promedio anual de 1 810 defunciones, que se elevó marcadamente en 1896 y al siguiente año sobrepasaba los 15 000 fallecidos, incremento marcado por el hambre, la miseria y el abandono ante las enfermedades.

José Miró Argenter, en su libro Crónicas de la Guerra, reconoce que no pasaban de quince los pueblos fortificados en la Vuelta abajo, donde los campesinos constituían la mayor parte de sus habitantes, diseminados por vegas, estancias, potreros y tumbas de monte, por lo que Weyler tuvo "ancho campo donde cebarse" en lo que califica fue "el más estudiado de los martirios públicos, el más persistente y cruel de los azotes, aplicado por el despotismo de una autoridad que quiso obtener la triste gloria de exterminar la población cubana."

Hoy, a 120 años de dictarse el primer bando militar que aplicó la brutal política de exterminio contra las familias cubanas, las generaciones actuales defienden la independencia, los derechos ganados y en las tierras que irriga el Guamá y sus afluentes, que vibran con el ferrocarril de una a otra costa, resulta un homenaje a aquella resistencia, el actual reclamo para que cese el bloqueo, con el que por más de cinco década el gobierno de los Estados Unidos ha pretendido reconcentrarnos.

Fuente consultada: La reconcentración 1896-1897, Raúl Izquierdo Canosa

Sobre el Autor

Blanchie Sartorio

Blanchie Sartorio

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba.

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