Actualizado 13 / 11 / 2018

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

21ºC
31ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Cuba no olvida

Han transcurrido 120 años de uno de los hechos más horrendos y sanguinarios del colonialismo español en Cuba. Más de 200 000 personas sucumbieron por la hambruna y las enfermedades tras las fortificaciones españolas.

Al reanudarse la guerra en Cuba, el 24 de febrero de 1895, Emilio Callejas Isasi dejó su cargo de capitán general y gobernador el 16 de abril de ese año y fue sustituido por Arsenio Martínez Campos.

A los tres meses de estar en el poder el nuevo gobernador, Antonio Maceo le infligió una rotunda derrota en el Combate de Peralejo, y no pudo evitar que el lugarteniente general concretara la invasión de Oriente a Occidente a finales de ese primer año de guerra, por lo que, deprimido por su fracaso, regresó a España.

Máximo Gómez en una expresiva y lacónica carta le dijo: "Si Martínez Campos hubiera podido y España hubiera querido ¡cuánta sangre ahorrada, cuántas cosas evitadas...!". Martínez Campos no pudo, España no quiso. Y con Valeriano Weyler, hubo un cambio de procedimiento en los métodos de la guerra, pues este sanguinario ya había dicho que al llegar a Cuba se levantarían hasta las piedras, y logró abrir un abismo inmenso de odio para que se cerrara todo camino a posibles avenencias.

¿Cuál fue su plan?: uno solo: muerte y exterminio. Para ello publicó bandos draconianos; levantó el patíbulo con carácter permanente; llenó cárceles; señaló el despertar de todas las auroras con el fusilamiento; no perdonó a vencidos ni respetó a prisioneros, y queriendo llegar a la completa privación de recursos a los mambises, decretó la
reconcentración de los campesinos. Este cruel proceder costó la vida de más de 200 000 ancianos, mujeres y niños, que murieron de enfermedades y de hambre tras las alambradas de los recintos fortificados, maldiciendo a sus verdugos.

Pinar del Río no fue la excepción, el 21 de octubre de 1896, el propio Valeriano Weyler firmó el bando de reconcentración que determinaba que los campesinos se internaran en los poblados fortificados en el término de ocho días, ante los resonantes triunfos de las fuerzas mambisas.

Se puede apreciar que a España no le interesaban para nada los cubanos, lo único que deseaba era conservar esta tierra pródiga. Quería el suelo, aunque fuera desierto caldeado por las llamas del incendio y blanqueado por las cenizas de sus hijos.

Han transcurrido 120 años de aquel acontecimiento, y pudiéramos perdonar como un acto de nobleza, pero no podemos olvidar al corruptor de la virtud de la mujer cubana, cuyas carnes mal cubiertas por los harapos sirvieron de placer a los soldados, cuando obligadas por el hambre imploraban la caridad de un vergonzoso mendrugo.

Este abuso en contra de los cubanos indignó tanto a Maceo que hizo una carta elocuente en la que el caudillo, asombrado, hacia dudar de que Weyler fuera hombre.

Cuba no puede olvidar sus víctimas desde que comenzó la conquista por la metrópoli española hasta los sabotajes y leyes que esgrime hoy el imperio para tratar de pisotear nuestras conquistas; los cubanos conformamos un pueblo digno, que pese a las carestías de la vida, provocadas por el bloqueo, demostramos al mundo nuestra solidaridad y honramos con el homenaje perenne a los que dejaron sus vidas a lo largo de la historia de esta isla. reconecntracion weyler cuba fpt4

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero