Arletys, la ‘zanmi’ de los pacientes recuperados en Haití

“Mi experiencia aquí en Haití ha sido única, porque ha reforzado los sentimientos humanistas que cada médico cubano tiene en su formación, al prestar mis servicios en el país más pobre de América Latina, que cuenta con una infraestructura sanitaria, económica y social débil y vulnerable, y con considerable hacinamiento social.

“La diferencia de idioma, cultura y religión no ha sido obstáculo para atender a todo paciente que ha necesitado el servicio de la Brigada Médica Cubana (BMC), que por más de 20 años permanece en este país, y estará…”

Así lo aseguró – vía Whatssap- la joven doctora de Pinar del Río,  Arletys de la Caridad Reinoso Lezcano, de apenas 28 años de edad, especialista en Medicina General Integral y con un diplomado en Urgencias Médicas, quien desde hace poco más de un año labora en tierras haitianas y ahora integra la Brigada Henry Reeve, fruto de los propios colaboradores que trabajan allí, para enfrentar a la pandemia de la COVID-19 en la primera línea de combate y en una nación muy compleja.

JUSTO DONDE MÁS SE NECESITA

Desde su llegada a Haití, la doctora Arletys, quien antes laboraba en el policlínico Raúl Sánchez de la capital pinareña, se ha enfrentado a enfermedades nunca vistas por ella anteriormente, pero confiesa que cuentan con todo el apoyo del personal haitiano con el cual colaboran y quienes sienten gran admiración por Cuba.

“A partir de las nuevas circunstancias relacionadas con la pandemia, la Brigada Médica Cubana aquí en Haití comenzó los preparativos para apoyar a las autoridades sanitarias locales. Y de forma voluntaria decidí integrar las filas de la brigada Henry Reeve, para combatir directamente la COVID-19, trabajando en conjunto con el personal haitiano en el seguimiento y tratamiento de personas diagnosticadas con esta enfermedad. Compartiendo lo que tenemos y no lo que nos sobra”, expresó.

Sobre las rutinas diarias de trabajo, nos cuenta: “Estamos en situación de pandemia, donde la autoprotección y la bioseguridad son pilares fundamentales en cada rutina de trabajo. Nos levantamos bien temprano, y nos dirigimos al IPEQ, hospital donde contamos con todo el equipamiento necesario para dar un servicio médico de calidad.

“Allí a las siete de la mañana comenzamos nuestra entrega de guardia, eje central de lo que será la jornada de 12 horas. Después de una correcta desinfección supervisada por el personal de higiene, constituido por especialistas y licenciados que juegan un papel fundamental en nuestra brigada, pues se mantienen activos en cada turno de trabajo supervisando y ayudando con nuestra bioseguridad. Posteriormente pasamos a la correcta colocación del equipo de protección personal para entrar al área roja donde se encuentran nuestros pacientes”, explica la joven doctora.

 “Son horas de sed, cansancio, pero pasan inadvertidas, porque nos reconforta la convicción de que el pueblo haitiano nos necesita. Trabajamos en equipo, en una mezcla fusionada de personal médico cubano y haitiano, con un solo objetivo: salvar vidas. Y entonces llega el momento de salir del área roja, y la necesidad de desvestirnos correctamente para no contagiarnos y continuar en la batalla.

 “El trabajo aquí es impactante. En el plano profesional he asumido retos que nunca pensé. He puesto en práctica mi especialidad de Médico General Integral en todas sus vertientes, en un inicio prestando servicios en una subcomuna aislada donde a cualquier horario del día o la noche se reciben pacientes con necesidad de apoyo vital, y a cientos se les salva la vida.

“He realizado pesquisas en lugares remotos y de difícil acceso y llevamos nuestras clínicas móviles a lugares donde no hay asistencia médica. He asistido partos tan solo con la luz de una linterna de un móvil, siempre con la meta de que Sí se puede”, manifiesta esta pinareña.

¿Qué es lo que más te emociona?, le pregunto, y sin dudar responde: “La sensibilidad que produce ver un niño pobre que comparte su alimento con un médico cubano, y que lo acompaña a cada travesía sirviendo de traductor y de guía. Ahora en el accionar ante la COVID-19, me reconforta ver cómo cada paciente recuperado nos llama ‘zanmi’, que significa amigo en su idioma”.

DESDE LA DISTANCIA: EL AMOR Y EL COMPROMISO

Estar alejada de la familia, de su tierra y sus amigos, y especialmente de su pequeño hijo, es para la joven doctora pinareña, el más difícil de los retos en esta, su primera misión internacionalista. Pero ella lo suple desde la razón, el amor y el compromiso.

“Con mi familia mantengo una comunicación diaria activa por vía internet y telefónica. Las preocupaciones son de ambas partes por los momentos difíciles que vivimos. A mí madre, que me apoyó en toda mi formación le doy las gracias cada día por cumplir mi rol en el hogar, con el apoyo de toda mi familia. A mi padre, que como yo se encuentra en Angola de misión internacionalista, le digo que todo pasará. 

“La frase clásica y relevante de nuestros diálogos es ‘Cuídate mucho’, en eso se basa nuestra fortaleza, en estar bien para el después. Dialogar con mi pequeño hijo Dariel Alejandro, de siete años, ayudarle a hacer las tareas por teléfono, contarle cuentos en la noche, es mi motor impulsor para levantarme cada día, y cuando a las nueve de la noche me llama aplaudiendo al personal de salud y me dice: ‘Mami, yo te aplaudo’, me da fuerzas para hacer bien mi trabajo y recordar que nos volveremos a abrazar”.

Sobre los retos inmediatos de la Brigada Médica Cubana en Haití nos dice: “Continuar trabajando y apoyando al pueblo haitiano en este contexto, como ha sido por más de 20 años, en todos los departamentos del país, en las esferas de rehabilitación, hospitalización, consultas externas, promoción, prevención de salud y en la actividad quirúrgica. Asumiendo riesgos y dando salud. En particular la brigada Henry Reeve continuará en el primer frente de batalla en la lucha contra la COVID-19 porque somos Cuba por el mundo”.

¿Un mensaje final?

“A mi pueblo de Cuba, a mi pueblo pinareño, a mi familia y a todos los colegas que salvan vidas por el mundo les transmito mi orgullo de ser médica cubana, que es abrir las puertas de un largo camino que conduce a la más noble actividad que un ser humano puede hacer por los demás. Les transmito la convicción de que mientras Haití lo permita estaremos dando nuestro apoyo, con cuidado y protección para que exista un mañana.

“Que desde aquí aplaudimos al personal médico de Cuba y del mundo, y que nuestro país cuenta con nosotros, porque quien no sea capaz de hacer por los demás, nunca será capaz de hacer por sí mismo”.