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Un forzado modo de vivir

Por Néstor Núñez (AIN)

No resulta fácil para un ser humano existir con las posibilidades ciertas de cumplir cada día sus más trascendentes expectativas, y tener que enfrentar un poderoso muro externo que en no pocas ocasiones troncha o poda de un tajo sus sueños de realización en las más diversas esferas y ángulos.

No obstante, siete de cada 10 cubanos de los 11 millones y tantos habitantes de la Isla, enfrentan ese dilema desde que abrieron sus ojos al mundo, en una patria que, por encima de avatares, hace esfuerzos denodados por garantizarle todos los derechos y probabilidades.

Y ese atentado contra la vida como hálito y como derrotero para mejorar, crecerse y llegar tan lejos como sea posible, no es otro que el bloqueo impuesto a Cuba por el Washington imperial, medida extendida por más de cuatro décadas sin paralelo en la historia.

No cabe para nada en este asunto el eufemismo de “embargo”, que en no pocas ocasiones utiliza la Casa Blanca y repiten de manera nada inocente los medios de información hostiles, para designar la absoluta guerra económica impuesta a los cubanos por el sólo hecho de querer ser independientes. No es tampoco una decisión restringida al contexto bilateral entre los Estados Unidos y la mayor de las Antillas.

El bloqueo constituye a estas alturas, y con las recientes complementaciones y añadidos promovidos por George W. Bush, una sucia urdimbre de disposiciones, persecuciones y viscerales odios, que salta las fronteras de la gran potencia e intenta hacerse práctica internacional a fuerza de presiones y chantajes.

Sería interminable enumerar cada vericueto de un fantasma de mil cabezas que impide la llegada a Cuba de medicamentos de máxima urgencia, de tecnología necesaria para el desarrollo, de información científica de primer grado, o de un simple alfiler que, fabricado en cualquier parte del orbe, tenga una pizca de componentes made in USA.

Son facetas de una brutal decisión que quiere involucrar a terceros para silenciar y hundir por hambre y enfermedades a una nación, cuyo “crimen” consiste en construir su destino a partir del esfuerzo propio y natural inteligencia.

El 70 por ciento de los cubanos, a estas alturas de la historia, no han conocido otra cosa en su vida que el peso y los rigores de semejante engendro genocida, que no otro calificativo se ha ganado con creces el bloqueo a partir de su tipificación exacta dentro de las leyes internacionales.

Y si Cuba, a pesar de todo ha logrado avances sustanciales bajo el cerco enemigo, valdría la pena preguntarse qué no hubiese conquistado en mayor bienestar material y espiritual si no sufriese los rigores prolongados de una medida que ya le cuesta más de 79 000 millones de dólares en pérdidas.