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Un chantaje para la anexión
El
seis de abril 1960, en un documento secreto del Departamento de
Estados de los Estados Unidos, se reconocía que la mayoría
de los cubanos apoyaban a Fidel Castro, por lo que para derrocar
a la naciente Revolución, el propósito era sembrar
el hambre, la desesperación y el desconcierto, con la peregrina
idea de una sublevación general.
Dos
años después, en febrero de 1962, se oficializaba
el brutal bloqueo que por espacio de más de cuatro décadas
ha causado daños a la economía por 79 325 200 000
dólares.
Como
parte de la jornada El pueblo contra el bloqueo, que se extenderá
por toda la semana en Pinar del Río, los especialistas Florentino
Batista, funcionario del Minrex, e Iliana Capote, profesora del
Instituto de Relaciones Internacionales, disertaron sobre el tema
con cuadros de organizaciones políticas y de masas y periodistas,
para profundizar en las raíces de esta política imperial.
De
los siete bloqueos que el gobierno de Estados Unidos ha aplicado
en la historia, este ha sido el más severo y una muestra
es que en su cuerpo existen 61 páginas de prohibiciones,
mientras que en los restantes, las prohibiciones nunca pasaron de
cuatro hojas.
Tal
como lo revelan sus propios documentos, no es una política
sólo contra un gobierno, sino contra su pueblo, porque el
propósito ha sido destruir su base de sustentación
y causarle el mayor dolor posible, en búsqueda de una rebelión
que jamás existirá.
Más
allá del bloqueo, es una despiadada guerra económica
que en 1992 dejó de ser una prerrogativa del presidente para
convertirse en un asunto federal, con un antecedente directo en
la Ley Torricelli de 1991. Posteriormente lo reforzaron con la Ley
Helms Burton encaminada a desestimular la inversión extranjera
en Cuba.
Con
esta política se prohíbe totalmente el comercio directo
con Cuba; incluso con países cuyos productos contengan elementos
como el tabaco, el azúcar o el níquel cubanos; tampoco
terceros pueden vender a los antillanos equipos, partes o piezas
con componentes estadounidenses, incluidos alimentos y medicinas.
Elimina
la posibilidad de que se utilice el dólar norteamericano
en las transacciones comerciales e incluso este año se multó
con 100 millones de dólares a un banco suizo porque recibió
depósitos de capital cubano en esa moneda.
También
prohíbe los créditos o préstamos al país
en cualquier relación de compraventa con Cuba, previamente
autorizada por el Departamento del Tesoro, y que debe ser pagada
al instante y utilizar barcos norteamericanos para el traslado.
Todo lo anterior encarece las adquisiciones cuando se autorizan,
de lo contrario hay que buscar los productos en remotos mercados
de Asia o Europa, en detrimento de la economía nacional.
Una
muestra fehaciente es que el bloqueo ha costado el equivalente a
79 años de vida al desarrollo turístico. Con cada
1 000 millones de dólares que Cuba pierde por el bloqueo,
podría construir 100 000 viviendas; con cada 180 millones
se garantizaría que 2,4 millones cocinen con gas y con 51,8
millones se duplicaría la carne de pollo en la cuota.
Incluso
los más de 79 000 millones no incluyen el valor de los artículos
dejados de producir por las restricciones o las onerosas condiciones
que se imponen para la obtención de créditos de inversiones,
comercio, bancarios e internacionales.
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