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Mirada bloqueada

Por Zenia Regalado/ Fotos:Daniel Mitjáns

Heidy trabaja en la máquina Braille,
Heidy trabaja en la máquina Braille,
otros no tienen tan buena suerte.

Una máquina Braille cuesta en Estados Unidos 700 dólares, sin embargo, Cuba ha pagado hasta 1 000 por ellas, debido al bloqueo económico que impide la compra de mercancías en ese país, o la exportación hacia él.

Otro dolor de cabeza es la adquisición de piezas para reponer las que se rompen.

Pinar del Río tiene siete adolescentes ciegos en los preuniversitarios y tres de ellos no poseen máquina Braille. ¿Qué alternativas tuvo que aplicar Educación? Facilitarles una grabadora a cada uno para que reprodujeran los contenidos más esenciales y pudieran estudiar por esa vía, que no es lo ideal ni mucho menos.

De estos detalles nos pusimos al corriente en la escuela especial para deficientes visuales José Martí, en Alturas de la Central, con una matrícula de 62 niños de Primaria, además de siete que estudian en la secundaria Tania la Guerrillera y son atendidos metodológicamente por el primer centro, que también le da este seguimiento a más de 40 de otras enseñanzas.

El plantel trabaja por la recuperación de ambliopes y estrábicos, y con vistas a que los de baja visión puedan usar mejor la que tienen. A los totalmente invidentes, se les entrena la movilidad y la independencia.

LA RECUPERACIÓN VISUAL SE SIENTE EL BLOQUEO

En la escuela especial para deficientes visuales se batalla contra las limitaciones.

Adelaida Valdés García, directora de la “José Martí”, precisó que el único departamento de la provincia de recuperación visual para niños está en esta escuela, sin embargo se encuentra muy afectado por la falta de equipamiento.

La “José Martí” tiene 23 niños con baja visión (insuficiencias visuales no recuperables como atrofia óptica, amaurosis congénita de Leber, catarata congénita, glaucoma, desprendimiento de retina, daltonismo, entre otras), otros seis son totalmente ciegos y 23 son ambliopes y estrábicos. La ambliopía puede surgir por miopía y estrabismo.

Esta última deficiencia es recuperable antes de los nueve años con el tratamiento adecuado, pero la falta de equipamiento retraza ese proceso.

Están rotos equipos como el Koordinator, el localizador corrector y el flash. A este último no le funciona el bombillo. Una delegación de solidaridad alemana que visitó el centro les dijo que el equipo fue hecho en su país, pero que ya no se fabrica.

Esos medios, al igual que el synoptófono, son vitales para trabajar en pos de la recuperación desde los cinco años, asegura la defectóloga Idania García, quien agrega que un defecto refractivo, por esos obstáculos, puede convertirse en baja visión.

La impotencia surge muchas veces al querer atender a un menor como es debido y encontrar tantas trabas. ¿Qué se hace entonces?

Idania, también secretaria del núcleo del Partido, argumentó que en las clases los maestros desarrollan ejercicios para paliar esa situación.

Otra consecuencia del bloqueo es que por falta de equipamiento los niños deben estar más tiempo en la escuela que el previsto (dos años), y los hay que permanecen desde primero a cuarto grados.

MATICES

Si contaran con los medios debidos la recuperación sería más rápida.

Una de las ventajas de este tipo de planteles es una mejor respuesta a los tratamientos, por ejemplo, la oclusión (parche en el ojo) es una de las prácticas que se aplican y lo enfrentan mejor que si estuvieran en sus casas, pues al ver a otros en sus mismas condiciones, aceptan esta técnica con más disciplina.

Los alumnos son atendidos por 48 trabajadores, entre ellos logopeda y psicope-dagogo, además de un técnico en oftalmología y tres enfermeros, que pertenecen a Salud Pública y laboran en el centro.

Semanalmente los niños reciben también consultas de los oftalmólogos y de una pediatra. En el “Abel Santamaría” se les garantiza atención estomatológica.

La realidad tiene matices innegables, que allí también afloran. Otro problema que enfrentan es la falta de locales: son nueve grupos en sólo tres aulas físicas, las demás son improvisadas en áreas poco apropiadas.

Se inició la construcción de otras cinco, según nos informó la directora, pero la falta de recursos, entre ellos el cemento, ha retrazado la terminación.

Tupiciones y filtraciones también han castigado a este plantel, en el que pese a todo, su colectivo se esfuerza por cumplir bien sus funciones.

LA FELICIDAD DE RAYMA

Un programa de Computación le permite a Rayma trabajar en la computadora,
a pesar de su falta de visión.

Rayma González Benítez cursa el quinto grado. Está privada totalmente de la visión, no obstante en el laboratorio de Computación puede trabajar en una de sus siete máquinas, gracias a la instalación en ellas del programa Jaws for Windows, que permite a los invidentes una total independencia en la computadora.

Este software le indica al alumno con sonido de voz los errores que comete en la escritura. Para ello debe memorizar la ubicación espacial de las teclas y la combinación de ellas para efectuar diferentes operaciones.

No por gusto la familiarización con el teclado se les da a todos los niños durante 10 semanas. La inmensa mayoría escogen a esa asignatura como la preferida.

Ellos aprenden a trabajar en el Word, a crear y abrir carpetas, así como a guardar documentos.

Yudermys Gutiérrez tiene 29 años, es licenciada en Defectología y profesora de Computación, pues recibió un entrenamiento para impartir esa asignatura. La paciencia es su mayor cualidad para poder enseñarla.

EL LLANTO DE HEIDY

Heidy Santovenia Pérez tiene 13 años y es otra niña invidente. Frente a la máquina Braille realiza con destreza la redacción que le orientó la maestra Silvia Rivera.

A nuestra solicitud levanta la cabeza del ejercicio y nos dice que llorará mucho cuando se separe de su educadora, pues ha estado con ella desde preescolar y ya cursa el sexto grado.

La muchachita vive en Bahía Honda y es uno de los 33 internos, quienes semanalmente son llevados de pase a sus hogares en ómnibus de Transporte Escolar.

Tanto ella como otros niños tuvieron palabras de elogio para sus maestros, quienes batallan contra el déficit de recursos y las condiciones insatisfactorias de los locales.