| Bloqueo
La
peor epidemia
Por
Ramón Brizuela Roque
Cuando
el tiempo pase y las jóvenes generaciones de todo el orbe
estudien historia, se asombrarán, inevitablemente, de la
capacidad de resistencia del pueblo cubano.
Algunos
quizás lo comparen con la peor epidemia, no se explicarán
por qué tanta maldad contra un pequeño país,
cuyo delito ha sido tratar de ser diferente.
Encontrarán
en los libros que de los siete bloqueos aplicados por el Gobierno
de los Estados Unidos en diferentes momentos, lugares y épocas,
ese fue el más severo y cruel, con 61 páginas de prohibiciones,
cuando los anteriores nunca pasaron de cuatro.
Eso
será en un hipotético futuro, pero qué tenemos
hoy: un daño que supera los 82 mil millones de dólares;
niños y adultos incapacitados porque no se pudo adquirir
un medicamento; industrias enmohecidas por no conseguir las piezas
necesarias; familias recordando al ser querido a quien la política
norteamericana impidió salvar su vida y un rosario de tristes
historias a lo largo de más 40 años.
Al
revisar la literatura de las últimas cuatro décadas,
se encuentran diferentes fechas de en qué momento comenzó
el bloqueo, formalmente fue decretado por Orden Ejecutiva del presidente
John F. Kennedy el tres de febrero de 1962, aunque indiscutiblemente
ya este existía desde el mismo momento en que triunfó
la joven Revolución.
Su
objetivo había sido definido dos años antes, el seis
de abril de 1960, con él se pretendía “(...)
a través del desencanto y desaliento basados en la insatisfacción
y las dificultades económicas (...) negarle dinero y suministros
a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de
causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno
(...)” Lo anterior está contenido en un informe secreto
del funcionario del Departamento de Estado I. D. Mallory, desclasificado
en 1991. Dicho texto se encuentra en Departament of State: Foreign
Relations of United States, volumen VI, 1991, p. 886.
El
águila muestra las garras
Por si alguien tiene dudas de que el bloqueo empezara en 1959, baste
recordar que el 12 de febrero de ese año, el Gobierno de
los Estados Unidos negó la concesión de un crédito
solicitado por Cuba para mantener la estabilidad de la moneda nacional.
Después
fueron aplicadas otras medidas como la restricción del suministro
de combustibles a la Isla por parte de las transnacionales, la paralización
de plantas industriales, la prohibición de exportaciones
a Cuba y la supresión parcial y luego total de la cuota de
azúcar. Se estaba gestando así un escenario para la
guerra económica que se avecinaba y que hoy está en
pleno apogeo.
No
existe norma alguna del Derecho Internacional que justifique el
bloqueo en tiempos de paz. Ya desde 1909, en la Conferencia Naval
de Londres, se había definido a estos bloqueos como “actos
de guerra”.
Luego
el nueve de diciembre de 1948, se habían conceptualizado
como hecho genocida, en virtud del inciso C del artículo
II de la Convención de Ginebra para la Prevención
y Delito de Genocidio, que define como tal “(...) los actos
perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente
a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.” También
incluye la intención de matar a civiles por hambre.
No
es embargo
Los políticos norteamericanos de las 10 últimas administraciones
y los miembros de las organizaciones contrarrevolucionarias de Miami
son cautelosos y no utilizan la palabra bloqueo; lo mismo ocurre
con los ciudadanos simples, incluyendo los cubanoamericanos, quienes
se refieren con el término embargo para minimizar las verdaderas
intenciones.
Generalmente
se conoce como embargo la forma judicial de retener bienes para
asegurar el cumplimiento de una obligación contraída
legítimamente. Puede ser también una medida precautoria
de carácter patrimonial autorizada por juez o tribunal o
autoridad competente, con igual propósito de cumplir por
el deudor sus compromisos con sus acreedores. Pero es que Cuba no
es deudora de los Estados Unidos.
Una
muestra de la poca memoria de los estadounidenses es que ellos en
1916 pasaron por situación similar y tuvieron que advertir
a Francia: “Los Estados Unidos no reconocen a ninguna potencia
extranjera el derecho de poner obstáculos al ejercicio de
los derechos comerciales de los países no interesados, recurriendo
al bloqueo cuando no exista estado de guerra”.
En
la historia del bloqueo, el mes de octubre sobresale inimaginablemente,
porque en 1962, aviones espías norteamericanos U2 detectaron
la construcción de rampas de mísiles y la presencia
de tropas soviéticas. El 22 de ese mes, con el apoyo de sus
aliados occidentales, Kennedy aplica como medida la “cuarentena
defensiva”, es decir, un bloqueo a la isla, desplegando unidades
navales y aviones de combate en torno a Cuba.
Sin
embargo la actitud heroica de los cubanos fue reconocida universalmente,
porque jamás el mundo estuvo tan cerca de una catástrofe
nuclear como en ese momento, pero no se vaciló. El Comandante
en Jefe Fidel Castro brilló como estadista y no permitió
ningún tipo de inspección in situ, esa actitud viril
fue de aliento para todo el pueblo, que en el caso de los pinareños,
tuvo el honroso honor de tener al frente de la provincia al Guerrillero
Heroico Ernesto Che Guevara, quien instaló su comandancia
en la cueva Los Portales.
La
única gran deuda
La
única gran deuda que unía a Cuba con los Estados Unidos
al triunfar la Revolución, fue el desolado panorama dejado
por ellos desde la república instaurada en 1902. Según
un análisis especializado este era el escenario en enero
de 1959.
“Cuba
presentaba la situación característica de una economía
neocolonial, atrasada y dependiente. Existían grandes latifundios
azucareros y ganaderos, con un 75% de las tierras en manos de un
8% de los propietarios. El desempleo afectaba en ocasiones a más
del 25% de la fuerza de trabajo, con más de 600 mil desempleados
en el período entre zafras (tiempo muerto). Sólo el
12% de la fuerza de trabajo era femenina. “El 47% de la vivienda
estaba en un estado deplorable o malo, y únicamente el 33%
era de mampostería. El 20% de la población más
rica recibía el 58% de los ingresos, en tanto que el 20%
más pobre percibía el 2%.
“No
obstante disponer del per cápita más elevado de automóviles
privados de América Latina, el 45% de los niños de
6 a 14 años no asistía a las escuelas; y el 23.6%
de la población mayor de 10 años era analfabeta. La
población mayor de 15 años presentaba un nivel educativo
promedio inferior a tres grados. Paradójicamente, habían
más de 10 mil maestros desempleados. El servicio estatal
de salud era totalmente insuficiente y de baja calidad. La capital
del país, con el 22% de la población, disponía
del 65% de los médicos y 62% de las camas hospitalarias.
“En
general, las condiciones en las áreas rurales eran mucho
más críticas: sólo un 4% comía carne;
el 43% de la población era analfabeta; no más del
8% recibía atención médica gratuita, en tanto
que el 36% se hallaba parasitada y el 14% padecía o había
padecido de tuberculosis”.
Pinar del Río Vs. bloqueo
La
provincia tiene suelos capaces de ofrecer una variada gama de hortalizas
y vegetales, pero se hace difícil, no por lo que argumentan
algunos sobre la ineficiencia –táctica del enemigo–
sino porque hay que importar de Europa y Asia las semillas, con
gastos adicionales de más del 50 por ciento en fletes.
En
Pinar del Río hay extensas plantaciones citrícolas,
pero las frutas no pueden ser probadas por el consumidor norteamericano,
como en la década de 1950, cuando Cuba era el principal suministrador
hacia ese país.
Algo
similar ocurre con el café y la miel, producciones que la
provincia tiene capacidad de exportación, pero que hay que
poner en lejanos mercados europeos y asiáticos, en detrimento
de la ganancia por excesivo flete, cuando podía ser en América.
Con
el tabaco ocurre algo especial; no es un secreto que las hojas pinareñas
gozan de un lugar preferencial en el mundo y que los Estados Unidos
constituían un mercado importante y natural para Cuba, sin
embargo hace 40 años que eso no ocurre y las afectaciones
sólo en tabaco torcido se calculaban en 106 millones de dólares.
En
el caso del tabaco en rama, las afectaciones por concepto de no
participación en el mercado estadounidense se estima serían
del orden de los 12 millones de dólares anuales.
A lo
anterior se suman los daños por el bloqueo tecnológico,
que andaba por los 8 625 millones de dólares, que no es ficticio,
porque por ejemplo, cuando Minas de Matahambre funcionaba a los
compradores cubanos jamás les vendieron una pieza para su
reparación.
Estas
son sólo unas muestras, de las muchas que están plasmadas
en las evaluaciones de cómo somos víctimas de esa
agresión económica.
Lo
que ellos se pierden
Nuestro
pueblo conoce en carne propia las medidas del bloqueo, sin embargo
los norteamericanos en su mayoría desconocen el daño
que les inflige por la terquedad de su Gobierno.
La
eliminación del bloqueo podría generar 100 mil puestos
de trabajo e ingresos adicionales por 6 000 millones de dólares
a la economía de los EE.UU., según un estudio presentado
por el director del Centro de Negocios e Investigaciones de la Universidad
del Sur de Alabama, en la Cuarta Cumbre Nacional sobre Cuba, que
tuvo lugar en Mobile.
Otra
investigación realizada en el 2000 por el World Policy Institute
de Nueva York, reveló que sólo la venta sin restricciones
de alimentos y medicinas a Cuba, podría generar anualmente
1 600 millones de dólares y 20 000 puestos de trabajo adicionales
a la economía norteamericana
Su economía pierde anualmente debido al bloqueo contra Cuba
hasta 1 240 millones de dólares en exportaciones agrícolas
y hasta 3 mil 600 millones de dólares anuales en otras actividades
económicas, según estudios realizados por instituciones
norteamericanas.
Según
estimados, realizados en el 2001 por la U.S. International Trade
Commission, las exportaciones de los EE.UU. a Cuba oscilarían
entre 658 millones y 1 200 millones al año.
De
acuerdo con otro examen, realizado en el 2004 por Tim Lynch, Necati
Aydin y Julie Harrington de la Universidad Estatal de la Florida,
10 años después del levantamiento del bloqueo las
exportaciones hacia la Isla oscilarían entre 6 mil millones
y 9 mil 470 millones de dólares anuales, con un potencial
de exportación neta o superávit comercial bilateral
a favor de los EE.UU. de 3 mil 600 millones de dólares.
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