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185 veces SÍ

Por Ramón Brizuela Roque


Mientras siete de cada 10 cubanos han padecido la brutal imposición del bloqueo de los Estados Unidos, que causa cada año casi los mismos efectos de dos huracanes como Ike y Gustav, el 99 por ciento de los países vota contra esa política hostil y genocida sin que se inmuten las administraciones norteamericanas.

Este 29 de octubre se encendió 185 veces el foco indicador del Sí en el plenario de la Organización de Naciones Unidas, como recordatorio a los Estados Unidos y al resto del mundo de la necesidad de reformar ese organismo internacional, cuyas resoluciones de este tipo son obviadas por los poderosos que no se sienten obligados a acatarlas.

El victimario en esta ocasión solo contó con sus votos, el de su vasallo Israel y el figurativo -de otra forma no puede ser- de Palau, mientras se abstuvieron -inexplicablemente- Micronesia e Islas Marshall.

Todos los bloques regionales apoyaron a Cuba en su justo reclamo, e incluso aliados estratégicos de los propios Estados Unidos votan contrariamente al bloqueo cada vez que se presenta la resolución caribeña.

En los últimos 47 años el país ha sufrido pérdidas por más de 93 000 millones de dólares, sin contar los demás daños por acciones hostiles y de terrorismo, que han causado la pérdida de más de 3 000 vidas humanas.

Está demostrado el carácter genocida e ilegal del bloqueo, a tenor con el Derecho Internacional, y es una política que no sólo afecta a Cuba, sino al propio pueblo norteamericano y al resto del mundo, por el conjunto de leyes extraterritoriales con que pretenden justificarlo.

El canciller Felipe Pérez Roque en su intervención fustigó fuertemente al gobierno norteamericano por el criminal bloqueo y guerra económica, incluso apeló a elementos personales, para demostrar al plenario la injusticia que se comete contra los niños y jóvenes.

También criticó el discurso oficial de las autoridades norteamericanas, plagado de mentiras sin argumentos, mientras Cuba cada vez ofrece más datos esclarecedores de la genocida política conocida por todos.

De forma clara y puntual dejó a la responsabilidad del próximo presidente norteamericano -ya que al actual su incapacidad no se lo permitiría- la política a seguir en el futuro, en el tema de las relaciones comerciales y financieras.